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Sobre el consumo de enteógenos.

   En "El manjar de los dioses" de Terence McKenna, nos encontramos con la teoría de que ciertas drogas pudieron ser cruciales para la evolución de nuestro sistema neurológico y el surgimiento de las primeras sociedades humanas. Otros autores, como Timothy Leary o Robert Anton Wilson, también han augurado que el uso de substancias psicotrópicas será igualmente imprescindible para el futuro. 
   Lo cierto es que, aun sin tener que echar mano de especulaciones o predicciones arriesgadas, parece evidente que las drogas han estado presentes en el deambular de nuestra especie desde tiempos inmemoriales y también que nos acompañarán durante un buen trecho del futuro. Inseparables de nosotros, éstas nos han sido útiles a lo largo del tiempo en infinidad de asuntos que van desde lo medicinal a lo religioso, pasando por lo festivo y la simple abstención de placer, hasta el punto de que podríamos afirmar que en cierto momento pasaron a formar parte de las prácticas que nos caracterizan como humanos, a un mismo nivel que también lo fueron el lenguaje escrito o el arte. No obstante, esto no ha impedido que fuera objeto de una intensa represión, por lo que durante siglos, ya sea en nombre de Dios, el orden, la salud, la cordura, la lucha de clases o el bienestar social, nunca han faltado excusas para condenar el estado de ebriedad conseguido mediante el consumo de substancias. Condena que, por otro lado, no ha evitado el doble rasero del poder, siendo usadas las drogas muchas veces como coartada para el control de la población y como perfecto subterfugio para manejes políticos y económicos a escala internacional.
   Por nuestra parte, las drogas -y más concretamente las substancias enteogénicas, es decir, las que son susceptibles de ser visionarias- serán consideradas aquí como posibles herramientas de conocimiento y liberación. En este caso el conocimiento será en cuanto de nosotros mismos o nuestra íntima relación con el mundo, y la liberación respecto de unas circunstancias sociales y existenciales indeseables. Desde esta postura, lógicamente, juzgamos que tendrían que estar al alcance de todos y que ninguna excusa puede anteponerse a una libre experimentación. Ahora bien, para que esto llegue a ser así algún día, también habría que reconsiderar detenidamente el porqué de tantos impedimentos para el uso de drogas.
   En realidad desconocemos qué ocurre cuando consumimos una droga potente. A un nivel fisiológico podemos comprender algo, el cómo y el porqué. Pero a otros niveles, como es el puramente subjetivo, con seguridad solo podremos afirmar que tiene lugar una intensa modificación de nuestra normal relación con la realidad, pero a partir de ahí nos perderemos en infinitas disquisiciones sobre la naturaleza de este cambio. Pero eso no quiere decir que sea algo estrictamente privado, totalmente separado de la realidad colectiva. De hecho la experiencia hasta cierto punto y sobretodo su posterior interpretación puede depender de los prejuicios y factores ideológicos –en uno u otro sentido- heredados por cada individuo. Por lo tanto, cada juicio a posteriori, así como en gran medida la propia vivencia en sí, serán inseparables del paradigma cultural –en su más amplio sentido- envolvente al que la vive.
   Por lo cual, para bien o para mal, habrá que estar de acuerdo con aquellos que ven en el hecho de tomar drogas una acción de alcance colectivo, ya que no producen su efecto solo sobre el que las toma, de una u otra manera las consecuencias llegan a extenderse al resto de su comunidad. Y de esto podemos empezar a deducir parte del verdadero alcance de las drogas. Efectivamente, si éstas son algo más que una forma de evasión, como bien han sabido aquellos que a lo largo de la historia han puesto su mayor esfuerzo en extirparlas de los usos y costumbres de la gente, será porque irrumpen en ése plano que supera lo individual y estrictamente personal que determina la orientación de una sociedad. De ahí el rechazo que siempre han causado en las instituciones del poder o en amplios estratos de la población poco proclives a los cambios y que durante siglos nunca han dejado de buscar excusas para condenar el consumo de multitud de substancias en nombre del funcionamiento de la sociedad en su conjunto. 
   Esto hace que plantear algún tipo de defensa del uso de drogas, tal como aquí pretendemos hacer, deba enfrentarse antes a multitud de acusaciones que versan, principalmente, sobre la esencial falta de solidaridad que se deriva de esta práctica. Así pues, bajo este punto de vista, el consumidor de drogas es, ante todo, un egoísta irresponsable de las consecuencias de sus actos, y tal achaque –acompañado también de la amenaza de multitud de peligros para la salud- es el principal baluarte para la condena de las drogas. Drogarse es, según el parecer de una gran parte de la gente, quebrar sin justificación la realidad considerada ordinaria e introducir un elemento discordante. Si en un pasado drogarse podía significar, por ejemplo, la caída en una moral extraña a los designios del Señor, en la actualidad puede suponer el desinterés por los valores que fundamentan la sociedad dominante: la economía y el consumo. 
   En la sonrisa del drogado, en su actitud distante –e incluso en sus momentos de terror- se percibe un desprecio por el mundo normal que se considera que podría ser peligroso de extenderse. Por lo cual, la sociedad moderna ha procurado que las drogas afecten lo menos posible a los pilares del sistema, ya sea encaminando su uso a un aspecto meramente lúdico y fácilmente controlable, o bien exiliándolo a los márgenes de la vida oficial mediante la ilegalidad en sus manifestaciones más extremas. 
   Por lo demás, habría que señalar que esta neutralización del verdadero potencial de la ebriedad, no deja de entrar en un contexto general de rechazo de todas aquellas inquietudes humanas que igualmente pudieran hacer peligrar el estatus quo, sean ideas, creencias, sensaciones o prácticas que derivarían en un peligro para lo considerado normal. Es decir, este rechazo se trata de algo inherente al propio fundamento que ha hecho posible el desarrollo y mantenimiento de nuestra actual civilización: a saber, el triunfo de lo racional y el esfuerzo colectivo por construir un paradigma estable.
   En este reino de lo abstracto y racional, cualquier incursión profunda en lo imaginario efectuada por una persona adulta es considerada una momentánea desconexión de lo razonable, un mero descanso del verdadero intelecto, pero llegando a ciertos extremos puede ser visto como algo propio de una mentalidad infantil o directamente patológica. En este sentido, la ebriedad puede suponer un acto de aguda transgresión, una ruptura repentina con las coordenadas consideradas como válidas. Aun más, una experimentación con drogas tan potentes como los enteógenos (LSD, psilocibina, mescalina) y más al margen de lo meramente lúdico, sobre todo a ojos de una sociedad como la nuestra que huye de todo vestigio de lo que considera irracional (aunque se comporte la mayoría de las veces de forma desquiciada), se torna incomprensible y peligrosa. Drogarse así supone forzar sin motivo lo anormal, lo imprevisto… provocar la irrupción del misterio en un mundo que se creía vacío de misterios.
   Y así es, las drogas y especialmente las substancias enteógenas, hacen que nuestra experiencia del mundo, que parecía tan limitada y predecible, muestre de pronto aspectos desconocidos que debemos afrontar. Repentinamente somos introducidos en un laberinto de espejos, donde esa frontera entre el mundo y nosotros forjada por el materialismo y la ciencia se difumina. En el centro de este laberinto somos llamados a vivenciar el propio misterio de la consciencia, así como el misterio de todo aquello que ésta cobija, y esto es, en la práctica, de todo lo que vivimos.

Fuente: Onirogenia.


   La clase política está avasallando el movimiento, comparándolo con ideologías nazis, diciendo que hay organizaciones criminales detrás, diciendo que lo único que proponemos es el cáos y la violencia, cuando tan solo pedimos mejoras democráticas. Aunque siga siendo una democracia imperfecta, será mejor que lo que tenemos ahora. Por ello, el día 19 de junio hemos de tomar las calles para hacernos oír, para hacer ver que no tenemos relación alguna con ningún acto violento. 
¡Ánimo, esto no ha hecho más que empezar!

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El futuro de la neuroteología.

   Recientemente se publicó un artículo en Science Religion Today, escrito por Andrew Newberg, director de investigaciones del Myrna Brind Center of Integrative Medicine del hospital Thomas Jefferson, EEUU, y especialista en neuroteología. Disciplina que inventó Aldous Huxley en su libro "La Isla", pero que posteriormente se constituyó oficialmente, y la cual se encarga de explicar neurocientíficamente las experiencias religiosas. 
   Newberg enfocó su artículo en el futuro a corto y largo plazo de la neuroteología. El científico reconoce que esta disciplina se encuentra en los primeros estadios de desarrollo, y que una verdadera combinación de neurociencia y fenómenos espirituales solo ha sido posible gracias a las innovadoras técnicas de registro de imágenes cerebrales.
   Antes del desarrollo de estas tecnologías la neuroteología solo podía basarse en modelos animales y especulación. Pero ahora, los científicos comienzan a descubrir información substancial acerca de la relación entre el cerebro humano y las experiencias religiosas.
   Futuros estudios basados en estas técnicas de neuroimagen u otras investigaciones clínicas, ayudarán a entender mejor no solo lo que ocurre en el cerebro en el momento en que se realiza una práctica religiosa, sino también cómo dichas prácticas pueden afectarnos en el paso del tiempo.  
   


   Hasta ahora, esta disciplina ha permitido demostrar que hábitos como la meditación o la oración pueden reducir la ansiedad o la depresión, e incluso incrementar la memoria. 
   Estas mejoras cognitivas han podido relacionarse, además, con cambios a largo plazo en la función cerebral. De estos descubrimientos, los científicos han concluido que "la espiritualidad puede cambiarte el cerebro". Los estudios que se realicen en los próximos 5 o 10 años permitirán evaluar la conexión entre diversos sistemas de neurotransmisores y el fenómeno espiritual.
   Las investigaciones realizadas hasta la fecha han constatado que tanto la dopamina como el ácido gamma-aminobutírico están relacionados con prácticas como la meditación. Este hecho resulta interesante porque la dopamina está vinculada al sistema de recompensa del cerebro, al movimiento y a la memoria. El otro neurotransmisor estaría relacionado con las experiencias dichosas, que ayudan a detener la mente.
   Por otro lado, Newberg cree que es posible que en la próxima década pueda empezar a desarrollarse un "religionoma", un mapa similar al del genoma, pero basado en la religiosidad humana. Este mapa consistiría en una catalogación de todos y cada uno de los tipos de prácticas espirituales y rleigiosas existentes en las diversas culturas, pueblos y tradiciones del mundo. 
   En esta catalogación se incluirían tanto las experiencias religiosas subjetivas como los conceptos doctrinales y teológicos y los componentes religiosos vinculados a la salud y a la fisiología. El religionoma permitiría, por tanto, hacer una evaluación general de hasta qué punto el ser humano es religioso y espiritual; y posibilitaría la conexión entre la biología y las experiencias, los sentimientos y las creencias religiosas. 





Día 19 de Junio Manifestación mundial. Toma la calle para pedir una Democracia Real Ya.  
   
   

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La materia tiene conciencia II

   En una entrada anterior se habían expuesto las teorías que afirman que la materia, no tan solo algunos seres vivos, poseen conciencia. Continuamos pues con este, cuando menos, curioso tema.
   
   Ya sea por caminos científicos, filosóficos o espirituales, asumir la idea de que la materia está dotada de conciencia puede contribuir a que el ser humano cambie su manera de enfrentarse a la existencia. No es lo mismo vivir rodeado de una naturaleza muerta, pasiva o inconsciente, que formando parte de una realidad sintiente e inteligente. En el primer caso, un abismo separa al ser humano de su entorno, y por eso se siente autorizado a utilizarlo sin limitaciones. En el segundo caso, está abierto a descubrir y a maravillarse con todo lo que le rodea, por lo que se siente inclinado a mostrar mayor respeto. 
   Según De Quincey, la visión moderna del mundo se basa en la actitud de la ciencia hacia el fenómeno de la conciencia y su relación con la materia. Es la causa de que la naturaleza carezca de valor intrínseco y de que por tanto sea maltratada sin piedad. La negación de la conciencia al resto de seres y cosas causa una fragmentación que afecta a la relación entre personas y colectividades, a la educación y al sistema legal: quien no tiene conciencia no tiene derechos. 


   De la misma opinión es la filósofa australiana F. Mathews, quien describe la situación actual de crisis global -cambio climático, extinción de especies, agotamiento de recursos, contaminación- como un síntoma de la profunda desorientación de la conciencia y cultura humanas.
   El objetivo de De Quincey y otros defensores del panpsiquismo es que la filosofía y la ciencia actuales recuperen la comunicación con el resto de seres vivos y las cosas, porque servirá para vivir de una manera más plena, respetuosa y armónica. 
   Un cambio en el paradigma científico que reconociera algún nivel de conciencia en la materia nos vincularía estrechamente con el entorno y contribuiría a la modificación de los comportamientos y los valores. Hace falta mirar lo material con ojos nuevos. No se trata de algo inerte, sino algo donde palpita lo que consideramos más parecido de nosotros mismos. 
   No obstante, Mathews advierte contra el riesgo de entregarse a un nuevo y absurdo animismo. En su opinión, en ningún caso se trata de adorar al Universo, a Gaia, a los animales o a las piedras preciosas como si dirigieran nuestros destinos. "La comunicación con el mundo es un fin en sí mismo, como una de las experiencias bellas de la vida, más que como un medio para obtener seguridad o suerte", dice Mathews. 

   Algunas de las ideas que sostienen los panpsiquistas son tentadoras desde el punto de vista de la medicina, por ejemplo. ¿No podemos utilizar las vías de comunicación entre el cerebro y el cuerpo para recuperar la salud? La física cuántica y la hipótesis holográfica se han mencionado como posibles explicaciones de la eficacia de terapias alternativas como la acupuntura o la visualización guiada. Pero, sobre todo, el paradigma de la conciencia más allá del cerebro sirve para compensar las deficiencias de la medicina convencional, que trata el cuerpo como una máquina desconectada de la persona. D. Chopra, neurólogo y experto en medicina tradicional india, explica que el organismo está dotado de una inteligencia que puede movilizar la curación y que nos podemos comunicar con ella a través de las emociones y los sentidos. Percibir el propio cuerpo y cada una de sus partes como entes conscientes, sin duda puede servir para desplegar nuevas estrategias con las que conquistar mayores cuotas de bienestar y plenitud. 
   Algunos autores sugieren que incluso se puede alcanzar la inmortalidad. Según el anestesiólogo S. Hameroff, no es científicamente imposible que los patrones de información que se activan a nivel cuántico y que se corresponden con la conciencia puedan trasladarse a otro lugar después de la muerte del cuerpo. Su destino podría ser, a lo mejor, un embrión. 

Significado del amor.
La experiencia humana del amor hace que la mente individual se vuelva permeable a las demás conciencias. En las relaciones personales, se siente la fusión con el otro. La misma experiencia puede vivirse con los seres vivos, los espacios naturales y el Universo entero, como han asegurado los místicos de todos los tiempos.

Contacto más estrecho. 
Aumentando el tiempo que pasamos en medios naturales, podemos cultivar nuestra habilidad para captar las conciencias no humanas. Es importante la actitud. Ante una planta, un animal o una roca, podemos preguntarnos cuál puede ser su historia, de dónde viene y a dónde va, qué necesita para existir, qué peligros le acechan o cuáles son sus placeres. 

Los rituales y las artes.
El objetivo no es saber sobre la naturaleza, sino relacionarse con ella, sentirla y gozarla. Los seres humanos han vivido siempre estas experiencias creando rituales y celebraciones estacionales, así como obras de arte. Además de razón y lógica, la conciencia humana tiene capacidad para comunicarse a través de la metáfora y las emociones. 

Ahora y aquí. 
Para el hombre moderno no se trata de recuperar antiguas o exóticas prácticas que ya no son suyas, sino de crear las propias. Tampoco conviene soñar un mundo utópico y demasiado humano. En el día a día, incluso en la ciudad, surgen oportunidades de ayudar a la naturaleza. 

Un cambio en marcha. 
Enamorarse de la naturaleza puede provocar profundos cambios en la mente y el comportamiento. Es el camino más eficaz para corregir los efectos negativos sobre la sociedad que tiene una cultura alejada de la realidad. 

   En una gota de agua, observada bajo el microscopio, se observan seres vivos unicelulares que demuestran inteligencia en su comportamiento: se mueven, se relacionan, buscan comida, evitan peligros y se reproducen. 


   Hameroff y Penrose han elaborado una interesante teoría sobre la conciencia: Microtúbulos. Proponen que en unas estructuras proteínicas denominadas microtúbulos, que se hallan en las células de todos los seres vivos y de manera más abundante en las neuronas, tienen lugar estados cuánticos que guardan relación con la auto-conciencia humana. Los colapsos cuánticos en los microtúbulos, que son instantes de conciencia, suceden con diferentes intensidades y frecuencias (normalmente, 40 veces por segundo).


Revista integral.    

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Aprender neurológicamente la espiritualidad.

   En el origen de las religiones siempre se puede encontrar una "revelación mística". Quienes las vivieron refieren el acceso a una forma de conocimiento que no puede ser captada por imágenes o palabras, una certeza de unidad de todo lo existente, la pérdida del yo y el mundo, potentes estados de alegría, paz, cercanía con lo sagrado, entre otras sensaciones. 
   Estas experiencias fueron estudiadas a fondo por varios autores y, aunque todavía no se ponen de acuerdo con las causas, ya casi no se discute el potencial transformador y sanador de la experiencia mística: Quien la vive, no vuelve a ser el mismo. Se transforma para siempre y en general para mejor, porque, como sentencia el psiquiatra Stanislav Grof: "Podemos hablar de un profundo cambio a nivel psicofísico. Un individuo que vive una experiencia cumbre tiene la sensación de sobreponerse a la fragmentación y división cuerpo-mente, y alcanza un estado de unidad y plenitud interna total que usualmente resulta muy curativo y benéfico"
   Ahora bien, ¿es posible fomentar, estimular o provocar este tipo de experiencias por medios naturales? Los estudios sobre neuroplasticidad indican que sí. 

   En los lóbulos frontales del cerebro está la llave del propio destino. Allí se cocinan los proyectos y las decisiones que surgen de la interacción de los 100.000 millones de neuronas del cerebro. Todas aquellas conexiones que no se usan, se pierden, y hoy se sabe que el cerebro puede remodelarse. La neuroplasticidad es la capacidad de aumentar o reducir el número de ramificaciones neuronales y de sinapsis, a partir del estímulo sobre el cerebro. De este modo, una persona estimulada por la percepción desarrolla más conexiones que otra menos receptiva. 
   Al respecto, el psiquiatra D. Drubach de la Mayo Clinic, Minnesotta, explica: "Es impresionante la manera en que el cerebro puede reorganizarse para poder adaptarse a nuevos desafíos. El músico que se expone a la música percibe una realidad diferente. Por el hecho de practicarla escucha otra cosa y puede detectar cambios muy sutiles en las notas que pasan desapercibidos para los no músicos. Esto se ha probado muchas veces y no es genético. Es la exposición al enriquecimiento del medio ambiente lo que modifica al cerebro. Percibir algo lo cambia a uno y luego lo puede percibir mejor. Otro estudio se hizo con pintores artísticos. Ellos son capaces de diferenciar entre los colores de una manera muy superior a la media. De una escala reconocen 35 tipos distintos de amarillo, mientras que alguien que no es pintor solo distingue 4. 
   De este modo, si la experiencia mística es algo que sucede en el cerebro, nada impediría modificar la estructura de la red sináptica para favorecer la espiritualidad y, si se da el caso, la producción o recepción de las experiencias místicas. 

   
   Hay algunas pistas: El doctor Drubach explica que: "Al cerebro le interesa lo que cambia, no lo constante. Si hay un ruido repetitivo lo escucha durante unos segundos y al rato lo ignora. Del mismo modo, uno entra en una habitación con un cierto olor y en unos minutos no lo huele más. Así, desde el punto de vista de las descripciones de Maimónides y otros, si la manifestación de Dios está siempre presente pero no cambia, será más difícil percibirla. 
   Habrá entonces que tratar de modificar la percepción. Hace mucho que los cabalistas, judíos y cristianos, afirman que hay una realidad diferente y que hay que prepararse para descubrirla. En definitiva, de lo que están hablando es de plasticidad perceptiva. 

   A propósito de los ya famosos estudios de A. Newberg y E. Daquili, de la división de Medicina Nuclear de la Universidad de Pennsylvania, tienen que ver con esto también. Ellos estudiaron a un grupo de monjes tibetanos y frailes franciscanos, y encontraron cambios notables en la actividad cerebral. Al igual que los músicos o pintores, los que practican la meditación o la plegaria, activan su cerebro de una manera diferente y lo predisponen a ciertas percepciones y experiencias místicas o religiosas. 
   Este también es el tono de las investigaciones que los neurocientíficos A. Lutz y R. Davidson, de la universidad de Wisconsin, llevan a cabo desde 1992 en colaboración con el Dalai Lama y otros monjes budistas muy experimentados en el arte de la meditación. Ellos colocaron en los monjes y en un grupo de control una red con sensores eléctricos mientras meditaban. Los resultados no dejaban dudas. La amplitud de las ondas gamma recogidas en algunos de los monjes son las mayores de la historia registradas en un contexto no patológico. Lo cierto es que los monjes sincronizan un número de neuronas mucho mayor al promedio. De este modo, Lutz y Davidson dedujeron que el cerebro, con un correcto entrenamiento, puede desarrollar funciones nunca imaginadas. 


   Pero, ¿cual sería el beneficio de volcarse a una vida espiritual? Muchos y diversos, y todos están bien testeados. 
   Aún si se deja a un costado la cuestión de la Fe, varios estudios probaron con el método científico que la vida espiritual ofrece beneficios indiscutibles. Estos son algunos ejemplos de investigaciones realizadas en los últimos años: 
  •  La religión aliviaría el estrés del cerebro ante las presiones cotidianas, de acuerdo con la investigación del antropólogo L. Tiger y el neurocientífico y psiquiatra M. McGuire. Ellos publicaron el libro "God's Brain", donde sugieren que el estrés propio de la vida cotidiana encuentra alivio en las creencias y los rituales religiosos.
  • Los individuos religiosos son más amables y rectos. Así lo probaría un meta-análisis de docenas de estudios que vinculaban ciertas características de la personalidad humana con la religiosidad, realizado por el científico de la universidad de Lovaina V. Saroglou. 
  • La fe en Dios reduce los síntomas de la depresión clínica, puesto que los depresivos creyentes son un 75% más propicios a responder a los medicamentos, de acuerdo con un estudio publicado por investigadores del Rush University Medical Center, de Chicago.
  • A principios de 2009, otra investigación realizada por científicos de la Universidad de Miami, reveló que las personas religiosas tienen mayor capacidad de auto-control que las no religiosas, y regulan de manera más eficiente sus actitudes y emociones, con la finalidad de conseguir objetivos valiosos para ellos. 
   Por tanto, si la meditación y la vida espiritual favorecen las tendencias a ser generosos, amar al prójimo y desear el bien a los demás sin esperar nada a cambio, y si además propenden el bienestar físico y psíquico, es indudable que este tipo de pensamiento o filosofía puede llevar a una vida más feliz. 
   De este modo, sin meterse en las pantanosas aguas de la interminable polémica entre ciencia y religión, se podría decir que la primera le está dando la razón en algo a la segunda. Aunque todavía no esté dispuesta a reconocerlo. 


Fuente: Tendencias21


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La materia tiene conciencia I

   Todas las cosas, desde las rocas hasta los árboles, pasando por los insectos o los océanos, sienten y se relacionan entre sí de alguna manera. Dicho de otra forma, poseen un tipo de conciencia. No es una loca idea nueva. Expresada de un modo u otro, ha aparecido en muchas culturas a lo largo de los tiempos, pero la visión científica del mundo la ha relegado, en el mejor de los casos, a la categoría de opinión sin demostrar; y en el peor, se la tacha de irracionalidad, pensamiento mágico o pseudorreligioso. Sin embargo, actualmente existen cada vez más personas con formación científica que están dispuestas a defender que la conciencia no es un don exclusivo del ser humano. No es un producto del cerebro, sino una cualidad que penetra todas las cosas que existen. 
   El pensamiento convencional dice que solo los seres humanos tienen conciencia porque solo ellos tienen lenguaje, pensamiento racional y sobretodo un "yo". Un biólogo o un neurólogo añadirán que todo esto es producto del elevado grado de complejidad del cerebro humano, pero no es tan fácil. Los animales tienen una experiencia del mundo exterior, vida social, emociones y formas de comunicación. Por otra parte, es lógico pensar que si el cerebro humano es un producto de la evolución, la conciencia que le caracteriza no ha aparecido de pronto, sino que es una modificación de formas anteriores. Si acaso, se puede afirmar que existe una forma humana de conciencia y que cada animal tiene la suya. Una vez derribada la frontera entre el animal humano y el no humano, cabe preguntarse si la conciencia se extiende a los vegetales, los minerales y los átomos porque, ¿cuál es su base material?


   Los científicos han realizado enormes descubrimientos sobre el funcionamiento del mundo exterior, desde el mundo de las partículas subatómicas a las estrellas. Pero la conciencia que hace posible esos conocimientos es un misterio completo para sí misma. No hay ninguna certeza sobre sus vínculos con la materia (o energía física, hablando con propiedad científica)
   Existen hipótesis: Para Stephen Deiss, filósofo, psicólogo, informático y estudioso de la conciencia, ésta no aparece en los animales especialmente evolucionados sino que "es una cualidad de la materia, de la misma manera que lo son la masa y la carga eléctrica". Richard de Quincey, profesor de filosofía y de Estudios sobre la Conciencia en la Universidad JF. Kennedy, se afilia al linaje secular de quienes creen que la materia y la conciencia o su germen siempre van juntas. La idea de que la conciencia se halla en todas partes ha recibido el nombre de panpsiquismo. 
   Afirmar que un árbol o una piedra poseen algún tipo de mente es suficiente para caer en el ridículo, sobretodo si se frecuentan los círculos académicos. Sin embargo, es algo que habían sostenido un amplio número de los pensadores más reconocidos a lo largo de la historia Occidental. David Skrbina ha seguido las huellas del panpsiquismo y ha elaborado una larga lista donde aparecen nombres como Tales de Mileto, Anaxímenes, Parménides, Heráclito, Anaxágoras, Empeodócles, Platón, Aristóteles, Epicuro, Spinozza, Newton o Leibniz. Todos ellos, junto con un buen número de científicos modernos, creen que la conciencia se halla de algún modo en cada punto del universo. 
   Para Deiss, resulta evidente que desde las partículas elementales a los animales o las galaxias, todo tiende a organizarse en sistemas cuyas partes se relacionan a partir de su propia experiencia y actividad. En la naturaleza no existen los agentes pasivos, todo es activo. Y donde hay experiencia y actividad hay alguna forma de conciencia. En algún rincón del átomo se refugia lo que Ken Wilber ha llamado "interioridad" y que a lo largo de la historia de la filosofía ha recibido otros nombres, como "lugar de la experiencia", "capacidad de punto de vista subjetivo" o "inteligencia auto-organizadora". 
   Los autores que se alinean con las teorías panpsiquistas sostienen que la materia posee sensibilidad y alguna forma de conciencia. Para el matemático y filósofo Whitehead, todo lo que existe tiene una experiencia de lo que le rodea. Al reunirse los elementos fundamentales, se forman entre complejos (una planta o animal) con una manera propia de experimentar la realidad y que en el ser humano se llama conciencia. Puede entenderse que el universo entero es un todo orgánico, un ser, cuyas partes están profundamente interrelacionadas. Hay quien llama Dios a la conciencia del Todo. 

   ¿Existe alguna prueba física, objetiva, de la presencia de conciencia en los seres vivos o en los objetos inanimados? Como reconocen los científicos más humildes, sabemos muy poco sobre las estructuras básicas de la materia. Por ejemplo, ni siquiera sabemos cómo se ordenan espacialmente los átomos de oxígeno e hidrógeno en la molécula del agua para que el resultado sea una sustancia líquida. La existencia de un buen número de partículas subatómicas que tienen nombre y propiedades científicamente determinadas se supone a partir de cálculos matemáticos, aunque no se han podido observar experimentalmente. 
   Por el momento no existe ningún proyecto en marcha que pretenda hallar la partícula de la conciencia. Descubrir a través de la observación de la materia los secretos de la conciencia puede ser un reto que se halle más allá de las posibilidades actuales y futuras de la ciencia. No obstante, se han elaborado hipótesis que reservan un lugar para la mente en los rincones más íntimos de la materia. El modelo holográfico de D. Bohm y K. Pribram propone, por ejemplo, que cada punto del universo está conectado con todos los demás, de manera que todas las conciencias pueden estar también interconectadas. 
   Otros teóricos especulan con la posibilidad de que el espacio vacío entre las partículas elementales, donde la energía se concentra al máximo, sea el pasaje de comunicación entre todos los puntos del Universo, constituyendo el hogar de la conciencia. 


   Quizá sea imposible describir la conciencia con las actuales herramientas de la física, la biología o la psicología. C. Blood, profesor de física en la Universidad de Rutgers y estudioso de las tradiciones místicas, sostiene que la física cuántica excluye la posibilidad de que el cerebro sea capaz de hacerse una imagen de la realidad por ningún medio conocido a día de hoy. Por tanto, para Blood, es necesaria la existencia de un alma que percibe por medios no físicos, independientemente del cerebro, y que emplea este órgano de alguna manera. Para Blood, está justificado recurrir a otras formas de conocimiento cuando el método científico no puede proporcionar las respuestas adecuadas. 
   La experiencia mística es la prueba más directa de la existencia del alma en la materia. Quienes la han vivido saben que el Amor lo explica todo y se halla en todas partes, pero quizá no lo digan exactamente con estas palabras. Pueden hablar de Dios, Conciencia Cósmica, Luz, Energía... pero se trata de la idea central de todos los grandes sistemas religiosos. 

   Los místicos coinciden con los actuales psicólogos transpersonales en que la percepción de las dimensiones espirituales puede alcanzarse mediante la intuición y el desarrollo de la conciencia. El silencio, la ascesis, las técnicas de meditación y respiración, la música o el consumo de plantas enteógenas son recursos auxiliares para el mismo fin. 
   La filosofía y la psicología modernas han calificado la razón y la lógica como características esenciales de la conciencia humana, a costa de su capacidad para la mística o la creatividad. Lo que se ha llamado despectivamente "pensamiento mágico" se corresponde seguramente a estados de conciencia que trascienden al individuo y que permiten la comunicación con las conciencias no humanas. 


Fuente: Onirogenia. 

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Entrevista a Tao Prajñananda sobre la LSD.

   Tenía muchas ganas de compartir esta entrevista, o parte de ella, pues he tenido que escoger las preguntas más significativas debido a su extensión. Está realizada a Tao Prajñananda. Psicólogo, psicoterapeuta transpersonal y maestro de Yoga integral. Tras 25 años de práctica en estos campos, realizando largas estancias en países como la India o Suecia, reside en Valencia, donde también ejerce como profesor de psicología transpersonal en los seminarios de formación post grado para psiquiatras y psicólogos de la administración pública (MIR y PIR). 

Genís: Muchas veces se ha dicho que la psicología o psiquiatría no cree en los efectos de la LSD porque valoran los medicamentos que funcionan con acciones precisas y relativamente constantes, en cambio la LSD actúa en el nivel subjetivo del individuo, en algo que no se puede medir o controlar tanto como la acción de una benzodiacepina en el cerebro. Entonces, ¿qué opina usted sobre la psicoterapia con LSD? 
Tao: En mi opinión es una forma demasiado radical de curación, se hace muy difícil de controlar todo el proceso. La LSD tiene la capacidad de curar pero también de "psicotizar" ¿me entiendes? Es decir, no psicotiza a aquel que no es psicótico, pero si tú la tienes latente, la LSD te la dispara. La LSD tiene la capacidad de romper los límites defensivos del ego, y con esto tan pronto obtienes unos beneficios y potencialidades como un mundo terrorífico, porque todo es lo mismo el fin y al cabo, lo que cambia es tu actitud defensiva ante esta inundación. Digamos que se sepulta tu identidad separativa, y como consecuencia te horrorizas ante esta pérdida y este miedo, o por el contrario lo aceptas y obtienes todo lo positivo. Una persona que posea una parte psicótica importante puede obtener una descompensación importante a causa de este proceso y es muy difícil salir bien. Otras drogas como la metanfetamina son más maleables y el efecto es más predictivo y fácil de llevar a cabo. Has nombrado los psiquiatras, bueno, ellos son funcionarios que cuando están trabajando tienen muchas cosas en la cabeza. No son iluminados que han conseguido ese estado de empatía con todos los seres del universo, como se piensa a veces... en tal caso estaríamos hablando de un yogui experimentado, el cual para curar no necesitaría la LSD, claro. Un funcionario no está preparado para controlar el estado al que te transporta la LSD, y hoy en día, cualquier cosa que salga mal, se puede denunciar y a ese señor le quitarían el título. 

Genís: Una sesión de LSD desencadena fenómenos a niveles como el perinatal o transpersonal, como la experiencia de muerte-renacimiento, recuerdos de vidas anteriores, conciencia cósmica, etc. ¿Recomendaría tomar al menos una dosis de LSD para vivir estas experiencias, sin buscar una curación específica? 
Tao: Depende a quien, sí. Lo peor del caso es que ni yo ni nadie tiene la capacidad de ver si una persona lleva una psicosis latente encima. Una persona aferrada totalmente a una visión mecánica e inexpresiva del mundo puede obtener una repentina toma de conciencia de sí mismo impresionante. De todos modos me gustaría añadir que el tratamiento con LSD es una cosa que se debería decidir por voluntad propia. Creo que ni siquiera los psicólogos transpersonales tienen la suficiente capacidad o autoridad para decirle a alguien que tome LSD. Desencadena experiencias demasiado fuertes, que te cambian la vida.    

Genís: Por tanto, si se ha de aplicar la LSD, ¿tendría que hacerse en consultas de psicología transpersonal por ejemplo, aisladas de la psiquiatría? 
Tao: Sí, sin la menor duda. Darle LSD a un psiquiatra es como darle una escopeta a un mono, podría pasar cualquier cosa.


Genís: Durante el tratamiento con enfermos terminales, la administración de LSD curaba el mismo cáncer muchas veces. ¿Cree que este tratamiento es viable para los tumores?
Tao: Sí, yo creo que este es uno de los casos más indicados para la psicoterapia con LSD, porque los riesgos de los que hablamos pierden relevancia, porque en el peor de los casos sucederá la evolución imparable del cáncer... Entonces sí, la LSD puede modificar absolutamente toda la estructura energética, y esto puede alterar también el fenómeno del cáncer, evidentemente.

Genís: Bueno, recientemente me enteré de que el cáncer también podría tener un origen psicosomático, ¿esto corroboraría este tipo de tratamiento?
Tao: (Ríe) Es que yo no sé como hay gente que necesite demostración para esto. Todo es psicosomático, no existe un soma sin un psico ni un psico sin un soma. Los que estamos en el plano material somos las dos cosas, y la conciencia depende de tu cuerpo, y al revés. 

Genís: Se han reportado muchos casos en los que se han desarrollado habilidades paranormales durante las sesiones de LSD, desde percepciones extrasensoriales, telequinesia, telepatía o sincronicidades. ¿A qué se puede atribuir este hecho? 
Tao: La potencialidad de la mente humana incluye todas estas habilidades. De hecho, cuando una persona empieza la práctica del yoga o del budismo, también experimenta estas habilidades sin buscarlas. Lo que hace la LSD es aumentar esta potencialidad durante un breve periodo de tiempo, sin necesidad de ningún esfuerzo o aprendizaje por parte del sujeto. Pero esto también asusta mucha gente, porque empiezan a ver que las cosas no son sólidas, son luz. Y ven la luz que emana la gente, ves quien está enfermo o puedes avisarles de que pronto lo estarán. Es importante remarcar que esto no te lo da la LSD, es una cosa que posee todo el mundo. Y bien, hay gente que aún y desarrollar estas habilidades no está preparada para integrarlas y le puede causar todavía más problemas. 


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Sigue la incógnita sobre el surgimiento de la conciencia.

   Para discurrir sobre el surgimiento de la conciencia y concluir si lo clasificamos como un proceso de aparición de una propiedad emergente o si consideramos que podemos explicarlo estudiando las potencialidades de las neuronas aisladamente, es necesario conocer lo mejor posible qué entendemos por Emergentismo y por Reduccionismo. 
   El concepto de Propiedades Emergentes ha alcanzado singular relevancia dado el auge adquirido por las llamadas ciencias de la Complejidad, que lo tienen como fundamental. Un sistema complejo en el sentido de nuestro tema, se caracteriza principalmente por la manifestación de propiedades emergentes. Por propiedades emergentes se entienden aquellas que presentan los sistemas y que no muestran los elementos componentes de ese sistema por separado. Dicho de otra manera, las propiedades del sistema no pueden reducirse a los de los elementos componentes. Hemos hecho remarcar el término reducirse, pues así como hay una corriente interpretativa que sostiene que las propiedades de un sistema emergen al constituirse el colectivo y que no es posible explicarlas por las de los elementos aislados (esto es la corriente del Emergentismo), existe otra que por el contrario, afirma que las propiedades del sistema pueden reducirse a la de los elementos componentes tomados por separado, interpretación que se conoce como Reduccionismo. Aunque es cierto que en la actualidad prevalece el Emergentismo y que prácticamente resulta peyorativo el calificativo de reduccionista aplicado a un argumento, se presentan casos en los que esta posición toma valor. 

  
   Con un ejemplo tomado de la físico-química, la oxidación del hierro, podemos analizar la diferencia entre los métodos emergentistas y reduccionistas. La formación del óxido ferroso FeO, podrían interpretarlo los defensores del emergentismo, aduciendo que sus propiedades surgen al combinarse el catión ferroso Fe+2 y el anión 0-2, sin que esas propiedades puedan explicarse por la de los iones componentes aisladamente. En este caso no resulta válida esta explicación, y sí lo sería la reduccionista, al argumentar que aisladamente el catión ferroso, por tener dos electrones para ceder, se combinará con un anión como el oxígeno que necesita dos electrones para completar su última capa. De modo que en este caso el emergentista aplicó su teoría soslayando el proceso electromagnético involucrado en una combinación química. Ante lo que acabamos de exponer pensamos que la ciencia ha de tomar una actitud pragmática ante la disyuntiva de cual de las dos metodologías se debe aplicar, adoptando casuísticamente aquella que más se adecue. 
   No solo para la interpretación de fenómenos y objetos naturales esgrimen emergentistas y reduccionistas argumentos opuestos, también explican de acuerdo a sus criterios, el orden de fundamentación de una ciencia natural en otra. Esto, como vemos, da lugar a secuencias en sentidos contrarios. De acuerdo con el emergentismo, la biología surge como emergencia de la química, y ésta de la física, argumentando que las propiedades del átomo en física emergen al constituirse un sistema de partículas subatómicas, propiedades que no pueden reducirse a las propiedades de dichas partículas. 
   Lo mismo puede decirse de las propiedades químicas de la molécula que emergen de la combinación de átomos sin que puedan explicarse por las propiedades individuales de éstos, y por último las propiedades biológicas de la célula emergen de la interacción entre las moléculas componentes que por separado en nada evidencian lo vivo. El Reduccionismo, consecuente con su teoría, trata de explicar las propiedades físicas del átomo por las de los electrones, protones, etc., las químicas de la molécula, por las de los átomos y las biológicas de la célula por las de las moléculas.

   La interpretación emergentista se va presentando como la más adecuada, sin embargo, la prevalencia del emergentismo experimenta una disminución en la década de los años 30 del siglo XX, tomando fuerza momentáneamente la corriente reduccionista, debido en gran parte a la posibilidad de explicar propiedades del átomo mediante el estudio del comportamiento de sus micropartículas componentes, facilitado por el advenimiento de la mecánica cuántica, y por otra parte al desarrollo de la biología molecular permitiendo la explicación de esenciales procesos biológicos por la química y la física de las moléculas. 
   En los años finales del pasado siglo XX, toman fuerza de nuevo las corrientes filosóficas y metodológicas en las que el concepto de propiedades emergentes aparece como fundamental. Así cobran importancia las teorías que conforman la Ciencia de la Complejidad como son la del Caos y la de la termodinámica del No Equilibrio. El emergentismo permanece presente en disciplinas que privilegian el concepto de estructura siguiendo a los ya citados Piaget y Lévi-Strauss, y lo vemos aplicarse en sociología y en lingüística, en esta última apoyando la aserción de Ferdinand de Sassure que presenta el habla como propiedad emergente evidenciada al constituirse los elementos de la lengua en sistema.


   Para concluir, insistimos en nuestro ya esbozado criterio de que quienes se ocupan en temas de la ciencia, ya sea ésta natural o humanística, no deben absolutizar la adopción de una corriente filosófica o metodológica para desarrollar su labor, sino adoptar la que su raciocinio le indique como más adecuada. Así se servirán pragmática y casuísticamente del emergentismo, del reduccionismo o de cualquiera otra corriente o metodología, sin preocuparse por la "etiqueta" que quieran asignarles. 
   Si se estudia la ciencia vemos que el etiquetismo, en cierta manera, ha significado un elemento lastrante en el desarrollo de la razón científica. Esto que decimos adquiere especial significado cuando referimos el análisis Emergentismo (la conciencia surge en proceso evolutivo) / Reduccionismo (proceso creativo) a la adopción de criterios creacionistas o evolucionistas, pues por lo expuesto, el razonamiento científico despojado de etiquetismo muestra que ninguna de las dos posiciones excluye ni niega la trascendencia a la otra. 


Fuente: Tendencias21 

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